La corrosión galvánica es una de las causas más frecuentes de deterioro prematuro en componentes metálicos del entorno marino. Suele avanzar en silencio, empieza con pequeños signos como la pérdida de brillo, picaduras, polvo blanquecino o verdín; y si no se corrige, puede terminar en una pérdida de material, fugas, roturas o fallos de seguridad.
La presencia de corrosión galvánica en barcos agrava el problema por la combinación perfecta que se presenta: metales distintos, agua salada y una gran cantidad de accesorios conectados entre sí.
¿Por qué se produce la corrosión galvánica?
La corrosión galvánica aparece cuando se cumplen tres condiciones a la vez:
- Dos metales diferentes, o aleaciones distintas, en contacto eléctrico directo o indirecto.
- Un electrolito que permita el paso de corriente iónica, ya sea agua salada, agua dulce con minerales o humedad persistente.
- Un camino eléctrico que cierre el circuito (contacto metal-metal, cableado, tornillería, masas, etc.).
En ese escenario, el metal menos noble se convierte en ánodo y se corroe; el metal más noble actúa como cátodo y queda protegido. Esta es una de las características de la corrosión galvánica más importantes; no se corroen ambos metales por igual, sino que se acelera el ataque sobre el más “débil” de los dos.
Diferencia entre corrosión galvánica y corrosión por corrientes
Aunque se confunden a menudo, no son lo mismo:
La corrosión galvánica se debe a una diferencia natural de potencial entre metales distintos conectados en presencia de electrolito. Suele ser localizada y relacionada con uniones metal-metal (tornillos, soportes, ejes, carcasas, intercambiadores).
La corrosión por corrientes o corrientes erráticas se origina por corrientes eléctricas externas no deseadas, como fallos de aislamiento, fugas de corriente continua, instalaciones defectuosas, cargadores o tomas de puerto. Tiende a ser más rápida y agresiva, con daños muy marcados en puntos concretos.
¿Qué procesos intervienen en la corrosión?
A nivel simple, es un proceso electroquímico:
- En el ánodo, el metal pierde electrones y se disuelve; es la zona que se “come” el daño.
- En el cátodo, esos electrones se consumen en reacciones asociadas al oxígeno y al agua.
- El electrolito permite el movimiento de iones, cerrando el circuito.
Por eso, factores como salinidad, temperatura, oxigenación y tiempo de inmersión influyen.
También es importante el diseño: una gran superficie catódica conectada a un ánodo pequeño acelera el desgaste del ánodo.
¿Cómo puedes saber si tu barco tiene corrosión galvánica?
El primer indicio suele ser visual, pero conviene mirar con método. Señales habituales:
- Picaduras (pitting) y cráteres pequeños en piezas de aluminio o acero.
- Polvo blanco o aspecto “tizoso” en aluminio (oxidación y productos de corrosión).
- Verdín en aleaciones de cobre (bronce/latón) y manchas verdosas cerca de uniones.
- Desgaste anormal en ánodos: si se consumen demasiado rápido (o, al contrario, no se consumen nada), puede haber un problema de conexión, de material o de corrientes.
- Corrosión concentrada alrededor de tornillos, remaches, arandelas y soportes, típico de un contacto entre metales distintos.
Cuando el daño es repetitivo o progresa rápido, conviene revisar también la instalación eléctrica del barco y las conexiones a tierra/masa.
Zonas más comunes en las que suele aparecer la corrosión galvánica
En los barcos, hay puntos especialmente sensibles en los que puede aparecer la corrosión galvánica:
- Colas y pies, especialmente en conjuntos con aluminio y tornillería o accesorios de otras aleaciones.
- Hélice, eje, bocina y soportes, por combinación de materiales y exposición continua.
- Pasacascos, válvulas, maestrinis y racores, donde conviven el bronce, latón y el acero inoxidable y, a veces, aluminio cercano.
- Intercambiadores, codos y circuitos de refrigeración, por humedad constante y metales dispares.
- Uniones de cubierta: candeleros, bases, herrajes y tornillería sobre aluminio o acero, con humedad retenida.
- Plataformas de baño y accesorios con tornillería inoxidable sobre estructuras de aluminio.
Si el barco duerme en el puerto con toma de corriente conectada, añade una revisión específica para descartar corrosión por corrientes.
Cómo prevenir la corrosión galvánica
Para evitar la corrosión galvánica, el objetivo es romper al menos una de las tres condiciones (metales distintos + electrolito + camino eléctrico):
- Aislar metales dispares: siempre que haya contacto entre metales distintos, conviene interponer arandelas y/o casquillos aislantes y, cuando aplique, una barrera anticorrosiva que evite el contacto directo metal-metal. En tornillería y roscas es habitual utilizar Tef-Gel para aislar uniones metálicas y fijaciones, especialmente cuando se combinan materiales con diferente potencial electroquímico.
- Priorizar materiales adecuados para el ambiente marino: además de elegir combinaciones compatibles, ayuda mucho tener en cuenta materiales como el acero inoxidable (AISI 316) o el bronce naval para trabajar con salinidad y humedad.
- Ánodos bien dimensionados y mantenidos: el material del ánodo, una superficie limpia y una sustitución a tiempo marcan la diferencia. Un ánodo mal instalado o “aislado” por pintura o suciedad simplemente no trabaja como debe.
- Evitar humedad retenida en uniones: un sellado correcto, drenajes cuando proceda y limpieza de sales reduce mucho el tiempo de permanencia del electrolito en juntas y solapes, que es lo que acelera la corrosión galvánica.
- Instalación eléctrica y toma de puerto bajo control: revisar cables, conexiones, polaridad y masas ayuda a prevenir corrientes parásitas que agravan el problema. En este punto, es importante utilizar cables eléctricos homologados para ambientes marinos, diseñados para soportar humedad, salinidad y vibraciones sin degradarse prematuramente.
- Protección en contacto entre piezas: cuando el contacto se produce entre superficies o componentes de diferente metal (más allá de la tornillería), suele emplearse una barrera específica como puede ser Duralac, una barrera anticorrosiva entre metales de contacto.
- Inspecciones periódicas: una revisión visual planificada permite detectar señales tempranas antes de que se conviertan en una avería.
La corrosión galvánica no se elimina por completo en un entorno marino, pero sí se controla. Y en mantenimiento náutico, controlar significa alargar la vida de los componentes, reducir averías y navegar con mayor seguridad.





Añadir comentario